Es una de las carreras más recordadas de la historia por la batalla que libraron estos dos pilotos en la pelea por el segundo lugar, con una serie de adelantamientos en las últimas 3 vueltas, a tal punto que la victoria de Jabouille perdió importancia.
Hay una carrera de la historia de la Fórmula 1 que es muy difícil de igualar, la del Gran Premio de Francia de 1979. No por toda la competición en sí, sino por el particular duelo entre Gilles Villeneuve y René Arnoux.
El 1º de julio de aquel año el circuito de Dijon-Prenois en Francia, se preparaba para la octava fecha de la temporada. Campeonato que terminó siendo ganado por el sudafricano Jody Scheckter.
Jean Pierre Jabouille había conseguido la pole position con Renault, detrás de él partían su compañero de equipo Arnoux y el piloto de Ferrari Villeneuve. Era una buena oportunidad para los franceses de sumar su primera victoria en el campeonato.
El mencionado primero, tomó el liderato inmediatamente y supo mantener una ventaja sobre los que venían detrás. Esto le permitió terminar ganando la carrera y así darle a la escudería la primera victoria del año, lo que también significó que un motor turbo gane en la Fórmula 1 desde su implementación en 1977.
Pero la atención de los aficionados, periodistas y hasta de los mismo pilotos, se colocó en la disputa que sostuvieron Gilles Villeneuve y René Arnoux en las últimas vueltas. El canadiense se ubicaba segundo y el francés tercero.
Cuando ambos ingresaban en los 3 giros finales, el conductor de Renault adelantó al de Ferrari y tomó la primera curva, luego de la recta principal, por el lado de adentro ganando la cuerda. El público local festejaba el hecho de que dos participantes de aquel país se ubicaran en los primeros lugares a tan poco del cierre de la prueba.
Sin embargo el conductor norteamericano fiel a su estilo de no darse por vencido, buscó la forma de recuperar el puesto y en el mismo lugar donde había sido superado buscó la segunda posición. La maniobra del Ferrari fue increíble, porque aceleró hasta los últimos metros antes de la curva y frenó de golpe levantando humo para no salirse de la pista. De esa manera se acomodaba detrás del líder y quedaban dos giros.
De no ser porque de vez en cuando se desalineaban, alguien podía llegar a pensar que estos monoplazas venían enganchados de alguna forma. Entraban en la última vuelta y otra vez en la misma curva Arnoux intentaba superar a su rival, pero esta vez no lo lograba.
Sí lo consiguió un par de metros más adelante, aunque esa última vuelta fue una verdadera clase de automovilismo. Ya que Villeneuve se le puso a la par durante unos cuantos metros y lo terminó por adelantar, siempre compitiendo de manera limpia.
Llegaban a la recta principal con una diferencia nula, pero fue el canadiense quien se terminó quedando con el segundo puesto y el francés se tuvo que conformar con el tercero a tan sólo 0,24 segundos de diferencia. El mismo René reconoció tiempo más tarde que nunca olvidaría ese duelo y que había sido vencido por el mejor piloto del mundo.

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