El 5 de septiembre de 1970 este piloto nacido en Alemania, pero adoptado como austríaco, dejó la vida durante la clasificación para el GP de Italia y en ese mismo año se convirtió en el primer ganador de un título de Fórmula 1 después de fallecer.
La historia de Jochen Rindt puede ser calificada como “especial”, su vida fue la de un piloto que pasó por diferentes momentos y cuando su carrera estaba en su mejor etapa sufrió un accidente que le terminó causando la muerte.
El 5 de septiembre de 1970 fue un día muy triste en la Fórmula 1 y en el automovilismo mundial, ya que el conductor austríaco que representaba a Lotus, chocó durante la clasificación para el Gran Premio de Italia de ese año.
Rindt era el líder de aquel campeonato en ese entonces y estaba intentando conseguir un buen tiempo para arrancar la carrera del día siguiente en una ubicación considerable. El Autódromo de Monza era la pista en aquella ocasión y al entrar en la curva “Parabólica”, al piloto se le trabó la dirección hacia la izquierda mientras que ese giro era hacia la derecha. Esto hizo que su monoplaza impactara contra un muro, produciéndole fracturas en las piernas, además de que algunas piezas del automóvil se le clavaron en el pecho y lo golpearon.
A pesar de los intentos de los médicos por ayudarlo, Jochen estaba seriamente lastimado y tenía algunas partes del cuerpo muy comprometidas. Esto hizo que muriera una hora después.
Así se terminaba la historia de este joven corredor de tan sólo 28 años, quien tuvo la particularidad de coronarse campeón de la Fórmula 1 en 1970 después de su muerte. Siendo el primero en la historia en lograr eso.
La vida tan especial que transitó Jochen Rindt fue así desde muy pequeño, ya que nació en Alemania, pero a los meses de vida sus padres murieron a causa de una bomba mientras se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial. Este hecho hizo que quedara a cargo de sus abuelos que vivían en Austria, y luego fuera considerado ciudadano de aquel país a pesar de no haber tramitado nunca los papeles, lo que no perdió jamás fue su origen alemán.
Lo curioso es que en todos los registros figura con la nacionalidad del lugar que lo albergó desde bebé y en ningún lado se lo reconoce por su país natal.
Más allá de eso su nombre se hizo muy querido en ambas naciones, siendo una figura importante a la cual se reconoció varios años después con una placa en su honor, que fue descubierta con su esposa y su hija presentes.
Karl Jochen Rindt podría haber llegado más lejos como piloto, pero aquel 5 de septiembre de 1970 no sólo terminó con su carrera, sino también con su vida. La de un piloto que será siempre recordado por su biografía tan particular.

Otros Reportajes:
Los más comentados:



Estás en:


